Gatos Verdes y Noche de Chapis.
Regresé de vacaciones con una misión: montar Cats en mi colegio. Sí, esa era la idea, una producción escolar. ¿Y qué pasó? ¿Por qué abandoné esa idea? Bueno, esa historia es para otro día (y otro post, mucho más heavy). Pero el colegio es clave porque ahí empezó todo. En una noche musical del Colegio Alemán. Ahí fue donde escuché a Marcela Arzabe (nombre real) cantar Memory. Fue el primer eslabón en una cadena de sucesos y personas clave para mi carrera y la persona que hoy llamo Luis.
Marcela siempre cuenta cómo me acerqué a hablarle, imitando mi mejor voz de soprano adolescente. A veces me pregunto qué hacía yo a los 15 años organizando esto en lugar de seguir jugando con Barbies y leyendo mis libros, cuando en ese entonces mi ambición era escribir. Y también me pregunto qué vida tendría o qué vida hubiéramos llevado si no hubiera ocurrido este vital encuentro. Pero bueno, aquí estamos, y una vez ordeñada la vaca, no hay forma de devolver la leche a las ubres.
En fin… Nos encontramos en el coro de la Iglesia de San Miguel. Y antes de que pregunten: sí, Luis judío, pero con un hogar ecléctico, pluriétnico y multicultural, así que en esa época cantaba ahí de vez en cuando. Lo importante es que cuando le propuse a Marcela montar Cats, su respuesta fue inmediata: “¡Sí!”. Esa ha sido la tónica de nuestra relación desde entonces.
Le debo mucho a Marce, me presentó a otros eslabones de mi vida y fue la primera persona que me vio dar una patada a la puerta del clóset.
También debo mencionar a dos personas de esa época, pero para llevar la fiesta en paz, aquí los llamaremos Arequipe y Salamandra. Hoy, después de años, agradezco sus aportes y perdono sus infracciones en la amistad. Éramos chiquillos, y entiendo que mi personalidad es, digamos, un gusto adquirido.
Su primera gran contribución fue conseguir el primer espacio de ensayo para Antifaz (el precursor de ArtAnon): el sótano de la Iglesia de San Miguel. Empezamos con un boom box, la grabación original de Broadway en CD y partituras de Hal Leonard. Nada comparado con los recursos de hoy o los capos con los que he podido trabajar ahora, que hacen arreglos y transcripciones increíbles.
Arequipe y Salamandra se hicieron amigos cercanos. Pero hubo dos fallas en nuestra amistad. Una, solo evidente en retrospectiva, llegó cuando Marce y yo, asustados por la monumentalidad de Cats, decidimos cambiar de rumbo: ¿Y si hacemos Los Aristogatos? Más fácil, ¿no ve? Fue entonces cuando Salamandra se ofreció a presentarnos y pedir ayuda a su profesor de canto y a la directora de una organización cultural paceña.
Intencionalmente ambiguo, porque al igual que Arequipe y Salamandra, prefiero llevar las cosas en paz. Además, estas dos personas ya son de la tercera edad, así que ¿para qué molestarlos y dar nombres reales? Los llamaremos… Abelardo Calzada y Fedra Foster Fakins. El que entiende, entiende.
Felices con la nueva ayuda y el ímpetu que esto traía, Marce y su hermana decidieron hablar con dos personas para la producción. Primero, Marce contactó a Gunnar Corrales (not his real name), un bailarín y coreógrafo que afirmaba haber bailado en la producción original de Broadway (more on that later). Lilian, la hermana de Marce, habló con la gran y bien recordada maestra Sarah Ismael, con quien había estudiado piano.
Ambas se reunieron con la maestra Ismael y, en su infinita sabiduría, ella les dijo (parafraseando): Cuidado con Abelardo y Fedra. Tienen historia de acaparar, adueñarse y usufructuar del trabajo ajeno. Y sobre el bailarín… No crean todo lo que dice así nomás.
Palabras proféticas…
Ah, la arrogancia juvenil, siempre sorda a los consejos de los mayores. Fedra y Abelardo sin duda impulsaron el proyecto. No a los estándares que manejo hoy, pero consiguieron cosas: un mejor lugar de ensayo, una reunión con Vicki “Jupugapandopo” Suazo (en ese entonces directora del Teatro Municipal), quien nos regaló una semana de teatro sin mayor trámite. Tiempos aquellos…
Pero su llegada convirtió el grupo en un drama digno de Ryan Murphy: jerarquías tóxicas, divas de colegio, theater kids, maricas dramáticas y jocks en negación intentando hacer teatro. Por eso hasta ahora tengo estrés post traumático cuando aparece Glee en algún lado.
Fedra y Abelardo establecieron castas: los alineados y los rebeldes, los que tenían plata (útiles para sus proyectos) y los que no valían ni el saludo. Yo, inicialmente, estuve en su gracia gracias a los $500 que mi papá donó a la producción… hasta que cometí mi última traición.
Hoy soy un obsesivo factotum della città en mis producciones porque esta primera versión de CATS me dejó cicatrices. Fedra y Abelardo se adueñaron del proyecto y bloquearon cualquier intento de Marcela y mío de tomar decisiones. Cuando mi prima regresó de México con el libreto de la producción mexicana, Abelardo activó sus dones de Lord Varys (¡shout out a los fans de Game of Thrones!), manipulando al elenco para oponerse a hacer CATS en español. Nunca se opuso directamente, pero cuando se votó, la mayoría rechazó la idea, solo para confesar años después que “Abelardo les había dicho X o Y para que se haga en inglés”.
Entiendan: esto fue en 1997, antes de YouTube y la democratización del internet. Conseguir esa traducción fue una hazaña titánica. Mi prima, con todo el ingenio del mundo, se metió a las oficinas de TELEVISA a preguntar por CATS y salió con fotos y diseños de vestuario originales y un guion bajo el brazo. Bolivia pudo tener CATS en español 20 años antes.
La primera puesta en escena de Cats salió… con dignidad para su época. Hoy la veo y me da un poco de cringe. Creo que por eso ahora soy tan obsesivo con el vestuario: aquella producción estuvo marcada por trajes bizarros. Abe y Fede ni intentaron mantener una línea estética, mucho menos parecernos a gatos. Fue difícil ver cómo usurpaban mi producción sin poder hacer nada, pero también me recuerdo: ¡Tenías solo 16 años!
El resultado: gatos verdes y azules, algunos con vibes de Los Osos Revoltosos (revelando mi edad gravemente), zorros, lobos y hasta un genio que cosió bolsas a su leotardo para simular pelo. Ah, y otro que se dibujó ojitos de gato en la espalda. Pero bueno… La gente parecía feliz. El público paceño no había visto un musical en el Municipal en más de 10 años.
Seis meses después, la producción nos consiguió un espacio para la reposición: el flamante teatro del jailón colegio Calvert. Para entonces, el elenco estaba dividido y el reinado tóxico de Abelardo y Fedra era inaguantable. Ahora tenían más jóvenes cabezas sobre las cuales diseminar ponzoña.
Fedra decretó que todos los roles tendrían understudy, con alternos para un tour de rol. Pero en su versión, todos debíamos competir a muerte para conseguir o mantener un papel. Nerón en el Coliseo, piojo tuerto. No sé si en Bolivia esto era norma antes, pero desde entonces vi esa tóxica modalidad en todas sus producciones… y aún sigue viva en las nuevas generaciones.
Los nuevos productores tenían control total y convirtieron a Salamandra en la estrella. La poca amistad que quedaba murió cuando ella se transformó en la Rachel Berry de los Andes. Una Raquel Barrios por así decirlo.
Por entonces, Marcela me contactó con mi primera y eterna profe de canto, la increíble Beatriz Méndez. Muchas cosas en mi vida serían distintas sin ella. Me habría animado a menos cosas buenas sin su guía y lanzado a más cosas malas sin su ejemplo.
Y divago de nuevo.
Fedra y Abelardo liberaron toda su agresividad pasiva sobre los alumnos de su némesis. Luis, Marcela y otros más. No éramos los únicos, pero bueno… Abelardo intentó seducirme (figurativamente, claro) con la oferta de audicionar para un solo en Carmina Burana. La única condición: prepararlo con él y no con mi profesora. Pocas veces lo vi ser tan directamente agresivo. No sé si habría podido cantar ese solo en ese entonces, pero sé que habría comprometido mi centro moral.
Sus dones arácnidos se pusieron en turbo: empezaron a correr el rumor de que la noche de los understudies sería la función de "los de poco talento", que no valía la pena asistir. Básicamente, se autosaboteaban la producción. Entre los alineados con Fedra y Abelardo, la función se conoció como la Noche de Chapis (amigos internacionales, googleen el término).
En esa noche, Marcela (que interpretaba a Grizabella) asumiría el papel de Bombalurina, mientras que Salamandra, por fin, cumpliría su sueño de ser Grizabella. Por otro lado la hermana de Marcela haría de Jellylorum y Juanita (nombre ficticio), que era solo coro pero bien conectada con la realeza, haría tour de rol con ella. Ambas usarían el mismo traje para ahorrar. O eso creíamos.
Llega el estreno. Yo, como siempre, llego más temprano que temprano. Para mi sorpresa, Salamandra ya está lista como Grizabella porque Fedra así lo decretó. Y Juanita, vestida de Jellylorum, exige interpretar a Jellylorum todos los días porque ya se había mandado a hacer el traje y Abelardo le había dicho que podía. Desde entonces, en nuestro vernacular personal con Marcela, cuando alguien usurpa un papel o serrucha el piso, decimos: "se mandó a hacer el traje".
Fedra y Abelardo habían castigado al enemigo.
Yo me libré de su furia por un tiempo gracias a la donación monetaria que había hecho mi papá, pero la línea estaba marcada: ellos y nosotros. Marcela y su hermana no tuvieron tanta suerte. Pagaron los platos rotos.
Esa noche fue un desastre. No en lo artístico, sino en el drama. Los productores nos metieron a los no alineados en un cuarto para darnos una reta colectiva y decidir qué hacer con Marcela y su hermana. Yo abogué por ellas y por respetar lo acordado, pero la mamá de Marcela, en un acto que quizás no entendí del todo en ese momento (pero que hoy aplaudo), se las llevó a casa. Prefirió sacarlas del fuego antes que dejarlas quemarse más.
"Yo conocí una mezzosoprano que se portó mal conmigo y nunca más la dejé cantar en ningún lado."
Pensar que alguien puede tener ese poder sobre otros me pareció horrible. Me hizo temblar en mi decisión de seguir en el arte, porque si ese era el ambiente, ¿para qué seguir?
Ah, y para los curiosos que se preguntaban que: ¿Y el bailarín? Una simple googleada confirmó lo que siempre sospechamos: era bueno, sí, pero jamás pisó la compañía original de Broadway. Se fue a EE.UU. en circunstancias dudosas y, años después, intentó reconectar conmigo por Facebook.
Spoiler alert: lo dejé en visto.

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Abelardo y Fedra! 🤣🤣🤣 me costó entender, pero después me rei mucho.
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