El Arte de Prehornear una Audición
Siempre llega un bajón después de terminar una temporada de teatro. Depresión post-función, le decimos. Yo, que lastimosamente siempre he tenido una fuerte tendencia a la depresión, suelo sentir ese bajón con más intensidad que el resto. Pero en ese momento llegó a mi vida un musical que definiría mi generación y mi existencia: RENT. En la vena de Hair y A Chorus Line, algunos lo llaman el Hamilton de los 90. Pero, ¡por favor! Jajajaja. Ya me imagino a la mitad del elenco de Artanon afilando cuchillos, encendiendo antorchas y organizando una turba para perseguirme. Sobre RENT (y Hamilton) hablaré mucho más en futuras publicaciones, pero en esa época, RENT era más que un deseo de montaje: era un consuelo.
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| La última función de Cats en el Calvert. |
Marcela, yo y unas pocas personas más del elenco nos reuníamos en los descansos de almuerzo de los ensayos de CATS para escuchar su música, soñar con montarlo y sobrellevar con eso el ambiente tóxico creado por una Sue Sylvester criolla. Esos almuerzos tenían mucho aire de Mean Girls y Heathers: mucho drama, muchas risas pero también muchas cliques.
Side note: Era la época en la que McDonald's acababa de aterrizar en el mercado, y a media mañana designábamos a algún alma caritativa con auto para tomar nuestros pedidos y enfrentarse estoicamente a las dos horas de cola del drive-thru.
Recuerdo vívidamente la vez que, en un arranque de valor, dije que quería que montáramos RENT con Antifaz. (Para los que recién se suman al blog, Antifaz fue el precursor de Artanon). La reacción de Fedra y Abelardo fue de pura indignación. No una indignación inmediata, porque aunque eran (y son) grandes conocedores de ópera y musicales, en ese entonces tenían un conocimiento más limitado. Así que tuve que explicarles que era un musical reciente, con contenido actual. Les conté que, aunque su historia estaba basada en La Bohème, estaba ambientado en el presente y tocaba temas como la epidemia del VIH, la homosexualidad y la dificultad de ser artista.
Por la expresión de Fedra y Abelardo, cualquiera hubiera pensado que había degollado una foca bebé delante de ellos.
Ellos tenían otros planes y no querían "temas burdos" en las producciones de Antifaz, menos aún si su organización estaba involucrada. Su elección: Joseph and the Amazing Technicolor Dreamcoat. Irónicamente, el musical más marica y camp del catálogo de Andrew Lloyd Webber. ¡Oy gevalt! ¡HASTA TIENE UN ABRIGO ARCOÍRIS COMO PARTE CENTRAL DE SU HISTORIA! No tengo nada en contra de ese musical, pero al pan, pan.
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| Hasta los Simpson se hicieron la burla de Joseph por ser camp. |
Para entonces, ya había perdido toda voz y voto en la compañía, así que resignados, Marcela y yo nos quedamos en Antifaz. Pero, decididos a sacarle algo bueno, nos propusimos audicionar para los papeles de Joseph y la narradora.
Si mi vida fuera un musical, Marcela y yo habríamos cantado nuestra "I Want Song" en ese instante, detallando nuestro deseo de obtener esos papeles. Al final, tras superar las triquiñuelas de Fedra y Abelardo, habríamos triunfado y asumido los roles protagónicos. Pero la vida real no es tan edulcorada... y nadie contaba con las argucias de Fedra y Abelardo.
Cuando preguntamos cuándo serían las audiciones para Joseph, Fedra nos dijo con total naturalidad: “No habrá audiciones porque ya decidimos quiénes harán esos papeles, y ustedes no tienen la madurez artística para ellos.”
Intrigados por saber quiénes eran los iluminados con semejante nivel de experiencia, ella, sin un ápice de vergüenza, respondió: “Salamandra y Alonzo.” ¿La razón? Porque eran cercanos a la institución. Vaya…
Alonzo era otro de sus favoritos en el elenco así que no fue grande la sorpresa pero cabe recordar que todos éramos un grupo de jóvenes con preparación artística similar. Recuerdo tan vívidamente esa injusticia y la impotencia que sentí. He tratado de sanar esa herida en mi vida adulta, asegurándome de que en mis producciones siempre haya audiciones para los papeles vacantes y que el casting se haga con base en el talento y la idoneidad, sin favoritismos. Aunque confieso que sí tengo una parcialidad: prefiero mil veces trabajar con personas de buena calidad humana, aunque tengan un poco menos de talento, que con divos y divas que solo hacen los procesos más tediosos.
Y así, con el ego algo pisoteado y el abrigo multicolor de Joseph ondeando en el horizonte pusimos el primer pie afuera de la compañía Antifaz. Pero las triquiñuelas de la dupla no habían terminado.
En uno de esos almuerzos, entre hamburguesas de pescado* y coros de Out Tonight, Abelardo me oyó decir que estaba pensando en salirme del grupo. Me llamó aparte y, con toda la solemnidad de quien siente que se le escapan los auspicios y los dólares que mi papá conseguía, me preguntó por qué. Le dije que me parecía una injusticia lo que Fedra había decidido y que no era ético saltarse las audiciones.
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| Aún tengo las condenadas partituras. |
Así nació una práctica clásica de la organización que estos personajes dirigían, replicada luego en sus subsidiarias y en las compañías que sus discípulos fundaron. La infame "audición prehorneada". Esa tradición de tener todo decidido de antemano pero igual llamar a audiciones para dar la ilusión de justicia y evitar reclamos como el mío. Honestamente, prefiero el descaro de Fedra antes que la farsa de imparcialidad de Abelardo, quien, dicho sea de paso, sigue aplicando este método para fingir ecuanimidad.
Terminó el ensayo y nos reunieron para anunciar que, efectivamente, habría audiciones para los papeles principales.
Los interesados debían acercarse a Fedra y Abelardo por detalles. Ni bien dieron la señal, Marcela y yo nos lanzamos a preguntar los requisitos, y la respuesta fue un poema:
- La audición sería en una semana.
- Había que aprender TODO el papel de memoria. Sí, todo, no una o dos canciones.
- La presentación sería frente a todo el elenco.
Dato curioso: Salamandra y Alonzo, los “elegidos”, jamás preguntaron nada. Ni un “oye, ¿cuál es la tonalidad de mi canción?”. Nada. Otra confirmación de que todo estaba más cocinado que pavo de Acción de Gracias.
Pero si algo me caracteriza es que si alguien me desafía con mala onda, lo acepto. Aunque sea un reto implícito, aunque el resultado esté arreglado, lo intento. Y lo intento con ganas.
En mi siguiente clase con Bea, mi profe de canto, le conté la situación y nos pusimos manos a la obra. Memorizar un papel completo en una semana no es fácil, pero siempre he tenido buena memoria para notas, melodías y letras. Para los nombres de mi elenco… bueno, ahí ya no respondo.
Y así, una semana después, armados con todas las recomendaciones de Bea, nos presentamos en la oficina de Fedra y Abelardo. Frente a todo el elenco, cantamos ABSOLUTAMENTE TODO el papel de Joseph y la Narradora. Si en el libreto ellos decían “muu”, nosotros dijimos “muu” y nos calificaron el “muu”.
Hicimos lo que nos pidieron, cruzando la delgada línea entre burocracia y humillación, y como no se presentó nadie más, nos sentimos como si hubiéramos ganado por walk-over. A nadie más se le exigió cantar un papel completo frente al elenco, de principio a fin. Pero, claro, en el siguiente ensayo, Alonzo y Salamandra fueron nombrados los protagonistas. Todo estaba prehorneado.
Y así aprendí que en el teatro, como en la vida, no siempre importa lo que haces, cuánto lo deseas o cuánto te esfuerzas, sino, muchas veces, a quién conoces detrás del telón. Al menos, nosotros dimos todo en esa audición, y yo intento alejarme de esas prácticas horribles.
*Si me gusta mucho el Filet-O-Fish y McDonlad´s no me paga por decirlo



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