Cómo un Viaje en 1996 Definió Mi Vida
Todo comenzó en 1996. Suena aterrador decirlo, pero han pasado casi treinta años desde entonces. A esa tierna edad de 15 años, mis padres decidieron llevarnos a mí y a mis cuatro hermanos (sí, cinco hijos, porque en los 90 la planificación familiar era más un concepto flexible que una ciencia exacta) a un viaje por Estados Unidos.
Uno de los destinos era Nueva York. Y aunque había vivido en Europa y EE.UU. previamente gracias al trabajo diplomático de mi papá, nunca había visto un musical de Broadway. Claro, amaba los musicales en el cine: El Mago de Oz, The Sound of Music, y varias otras películas que probablemente mis hermanos odiaban porque las ponía en loop. Incluso tuve la suerte de que mi mamá y mi abuela me llevaran a ver El Hombre de la Mancha en 1988 en el Teatro Municipal, con Gastón Paz y dirigido por Mabel Rivera.
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Gastón Paz en el Hombre de la Mancha. Foto: Yolanda Valencia. |
Volviendo al viaje: yo siempre había soñado con Nueva York. No sé si es genético, cultural o simplemente gay, pero gravitaba hacia esa ciudad como un mosquito a la luz. Como ya lo dije ya había estado ahí antes, pero ese monstruo de ciudad a los 15 años fue un evento formativo que, en retrospectiva, dictó el resto de mi vida.
Mis padres y mis abuelas siempre fomentaron mi amor por las artes. Mi conocimiento sobre música, películas y teatro era motivo de orgullo para mi papá cuando era niño. Tanto así que, al más puro estilo de Leopold Mozart, me hacía recitar mis conocimientos artísticos como un loro entrenado. Claro, cuando anuncié que quería dedicarme profesionalmente a esto, su perspectiva cambió un poquito... pero esa es una historia para otro post.
Al día siguiente de llegar a Nueva York, jamás lo olvidaré, tomamos la línea 1 del metro. Al salir de la estación en Times Square, lo primero que vi fueron dos enormes ojos brillando en una marquesina: CATS.
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| El del medio soy yo. |
Mis padres, con la intención de educarnos en el arte (y quizás como castigo por la energía inagotable de mis otro 4 hermanos), decidieron llevarnos a ver este icónico musical. No tenían idea de lo que estaban a punto de desatar .
Porque ver CATS a esa edad fue algo completamente transformador. Para alguien heterosexual o no afin al arte, describir la experiencia de ver un musical por primera vez puede ser complicado. Pero para un adolescente que no era heterosexual y que, además, tenía inclinaciones artísticas... fue una epifanía.
Desde los primeros acordes de la obertura, supe que mi destino estaba sellado. Y cuando terminó la función, tenía tres certezas en la vida:
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Me iba a dedicar a los musicales como profesión.
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Iba a montar CATS en Bolivia.
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Munkustrap, interpretado por Michael Gruber, estaba demasiado guapo.
El año pasado, cerré el ciclo al dirigir la 4ta versión de CATS en Bolivia, probablemente la última aunque nunca digas nunca jamás. Cumplí mi promesa adolescente. Pero en ese momento, en 1996, lo único que importaba era que acababa de encontrar mi propósito en la vida.


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